domingo, 11 de enero de 2009

Sobre la boina

A mí me gusta la boina para cubrirme la cabeza, me gusta más que esa gorra de visera, tan de moda, y que me recuerda a los jugadores de béisbol americanos. Es caliente en invierno y protege del sol en verano. Además, actualmente se hacen impermeables, de forma que es una buena prenda para protegerse de la lluvia. Cuando llueve, si no se me moja la cabeza, siento que no me estoy mojando.
Yo recuerdo a todos los hombres mayores del pueblo tocados con su boina tanto e invierno como en verano y no he olvidado aquellas cabezas calvas que se descubrían en la iglesia dejando ver un blanco virginal, en contraste con la cara curtida por las inclemencias del tiempo. La boina formaba parte de su fisonomía y no se la quitaban más que cuando se lo exigía las normas del respeto.
En algún momento, los más jóvenes empezaron a considerar que era mejor ir descubiertos y esta prenda comenzó a dejar de usarse. Quizás también le dieron la puntilla aquellas nefastas películas que basaron su humor en las gracietas que descalificaban al hombre del campo tocado con su boina calada hasta las orejas.
De esta forma el uso de la boina ha quedado reducido, siendo ya muy pocos los que la utilizan en Castilla y creyendo algunos de los descendientes de aquellos que las usaron, que esta prenda es patrimonio de los vascos.
No obstante la boina es una prenda utilizada por todas las clases sociales, tanto por hombres como por mujeres y usada no solo en España, sino que también está muy extendida en Francia y hasta en Chequia, donde parece que hay una fábrica muy importante.
En Madrid y en Cuenca existen sendas asociaciones de amigos de la boina, con unos principios y una filosofía muy similar, que se reunen periódicamente en torno a una buena mesa para disfrutar de los placeres que da la comida, la conversación y la buena compañia.
Página web del Club de amigos de la boina